
Kari Ram soltó la carcajada. Pero Mut Ang prosiguió sin esbozar siquiera una sonrisa:
— Nosotros también, como todos los miembros de la sociedad, estamos llamados a cumplir con nuestro deber. Por ser los primeros en sondear los fondos aún inexplorados del Cosmos, hemos muerto por setecientos años. Quienes hayan quedado en la Tierra para disfrutar de los bienes de la vida terrena no experimentarán jamás las profundas emociones ni el goce de descubrir los secretos más íntimos del Universo. Y así es todo. Pero la vuelta... En vano se preocupa usted del futuro. Cada siglo de su historia, la humanidad retrocedió en algo, a pesar de su ascenso general conforme a la ley del desarrollo en espiral. Cada siglo tuvo sus particularidades y sus rasgos comunes... Y... ¡quién sabe!... a lo mejor, el granito de conocimientos que llevemos a nuestro planeta sirva para un nuevo salto de la ciencia y el mejoramiento de la vida del género humano. Nosotros mismos volveremos de las profundidades del pretérito, pero traeremos a los nuevos hombres nuestras vidas y nuestros corazones consagrados al futuro. ¿Acaso volveremos como seres extraños? ¿Acaso puede serlo quien ofrezca y preste todas sus energías? El hombre no es una mera suma de conocimientos, sino también una complejísima arquitectura de sentimientos, y en esto nosotros, que hemos experimentado ya todas las dificultades de un largo viaje por el Cosmos, no seremos peores que los hombres del futuro... — Mut Ang hizo una pausa, para concluir luego con un tono distinto, medio burlón— : No sé lo que sentirá usted; pero yo tengo un deseo tan vivo de echar un vistazo al futuro, que por sólo eso estaría dispuesto a...
